El folclore del fútbol argentino no conoce de límites, y en las vísperas de un cruce mundialista tan cargado de historia como lo es el de Argentina e Inglaterra, cada esquina de Buenos Aires se convierte en una trinchera de pasión.
Esta vez, el epicentro de la noticia no estuvo en la concentración del equipo, sino en la emblemática esquina de Defensa y Avenida Brasil, hogar de uno de los cafés más tradicionales de la ciudad.
La historia detrás de la censura voluntaria
Quienes transitaron por esa pintoresca vereda de San Telmo en las últimas horas se encontraron con una escena que rápidamente se volvió viral. Un empleado del local se trepó a la fachada y, utilizando una bandera argentina, tapó cuidadosamente parte de las enormes letras doradas que decoran el vidrio principal.
Al cubrir estratégicamente las tres primeras letras del histórico "Bar Británico", el establecimiento fue rebautizado de manera temporal como "Bar Tánico".

Aunque para muchos transeúntes es una genialidad del marketing actual, Gonzalo, el encargado del salón, explicó que esta idea tiene una profunda y emotiva raíz histórica.
Según relató, no es la primera vez que el bar altera su fisonomía. Durante la Guerra de Malvinas, los dueños gallegos que administraban el lugar decidieron borrar del vidrio la sílaba "Bri" para evitar cualquier tipo de conflicto o represalia en un momento de extrema sensibilidad social, operando bajo el nombre de fantasía "Tánico" durante todo el conflicto bélico.
La gran ironía de este rincón porteño es que, al inaugurarse entre los años 1928 y 1929, fue bautizado como "Británico" justamente como una estrategia comercial para atraer a los ingleses que trabajaban en los ferrocarriles y que vivían en los conventillos cercanos sobre la calle Caseros. Hoy, casi un siglo después, el local abrazó el espíritu mundialista y se "argentinizó" por completo.
Un menú bien criollo para la previa
Adentro del salón, la atmósfera no es menos festiva. El lugar fue completamente decorado con guirnaldas y banderines celestes y blancos que cuelgan del techo. Y como no podía ser de otra manera, ese fanatismo también se trasladó directo a la cocina.

¿La estrella del mediodía para esperar el pitazo inicial? Un suculento plato bien nacional: un humeante guiso de lentejas repleto de carne y panceta, coronado en el centro con una pequeña bandera argentina.

Una verdadera declaración de principios culinaria para dejar en claro que, al menos por hoy, en esta histórica esquina de San Telmo no hay lugar para el té con masitas.
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