Tiene 87 años, llegó de Japón por una aventura y creó dos jardines emblemáticos de Buenos Aires: la historia de Yasuo Inomata – GENTE Online
 

Tiene 87 años, llegó de Japón por una aventura y creó dos jardines emblemáticos de Buenos Aires: la historia de Yasuo Inomata

Revista GENTE conversó con el ingeniero paisajista que dejó su huella en dos espacios únicos y que, más de cinco décadas después, mantiene intacto su vínculo con una de sus grandes obras. Su vida entre dos culturas, una extensa trayectoria y una particular mirada sobre el paisajismo japonés.
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En una mañana de invierno, revista GENTE llegó al Jardín Japonés de Escobar para conocer uno de los espacios menos conocidos de la colectividad nipona en Buenos Aires. Entre el lago, los puentes y las carpas koi apareció el hombre responsable de haber imaginado ese paisaje hace más de medio siglo: Yasuo Inomata.

El ingeniero paisajista japonés vive en las inmediaciones de una de sus obras más importantes y, aunque asegura que ya está retirado, todavía pasa casi todos los días por el lugar. Observa los árboles, las plantas, el agua y el trabajo de quienes tienen actualmente la responsabilidad de mantener su creación.

"Yo vengo casi todos los días porque vivo cerca. Estoy mirando todo, pero no trabajo más", cuenta a GENTE.

Yasuo Inomata, el ingeniero paisajista japonés detrás del Jardín Japonés de Escobar y del rediseño del más conocido de Palermo.

Inomata está próximo a cumplir 88 años y detrás de su figura se esconde una historia que conecta Japón con la Argentina desde hace casi seis décadas. No solo diseñó desde cero el Jardín Japonés de Escobar: años después fue convocado para rediseñar el famoso Jardín Japonés de Palermo.

De Tokio a la Argentina por "una aventura"

Inomata se formó en Agronomía en la Universidad de Agricultura de Tokio (Nodai) y comenzó a adquirir experiencia participando de proyectos en Japón. Sin embargo, su vida terminó tomando un rumbo que ni él mismo parecía tener demasiado planificado.

"Tenía tan solo 27 años. No era tan joven, pero vine a la Argentina casi de casualidad, por una aventura", recuerda sobre aquella decisión que terminó cambiando su vida.

Llegó al país en barco, como tantos otros inmigrantes japoneses, y se instaló en Belén de Escobar, donde existía una importante comunidad nipona dedicada especialmente a la floricultura.

Al hablar de sus años de formación, Inomata lo hace sin solemnidad y hasta se permite bromear sobre sí mismo. "Yo estudié Agronomía en Tokio. No era buen estudiante", reconoce entre risas. Buena parte de su aprendizaje, asegura, llegó de la experiencia práctica: "Ahí aprendí ayudando en proyectos en Japón y después vine acá".

Fue en Argentina donde su profesión comenzó a encontrar un terreno particular. "Yo soy ingeniero paisajista. En Japón hay muchos artistas preparados y acá no hay tantos", señala.

Yasuo visita el Jardín Japonés de Escobar todos los días.

El jardín que nació como un agradecimiento

Pocos años después de su llegada apareció el proyecto que dejaría una de sus mayores huellas en Escobar. La colectividad japonesa quería hacerle un regalo a la ciudad que había recibido a sus inmigrantes y les había permitido establecerse y desarrollarse. Así nació la idea de construir un jardín tradicional japonés.

"Los inmigrantes japoneses que se establecieron en Escobar querían hacerlo en agradecimiento al pueblo que los recibió. Fue un agradecimiento", explica Inomata.

Él quedó a cargo del diseño completo. El desafío era considerable. El terreno era originalmente llano y debía transformarse en un paisaje capaz de representar la naturaleza a pequeña escala. Para conseguirlo se incorporaron desniveles, un lago, una cascada, puentes, árboles, farolas y grandes piedras.

Más de cinco décadas después de su inauguración, el jardín conserva la esencia del proyecto original de Inomata.

"Hice todo el diseño del jardín. Con ayuda fuimos a buscar piedras a distintas provincias, como Córdoba", recuerda. Según la información histórica proporcionada por Turismo de Escobar, también se utilizaron piedras provenientes de San Luis y Olavarría. Algunos de los árboles donados tenían más de 30 años y debieron ser trasladados mediante técnicas especiales.

El proyecto fue posible gracias al trabajo conjunto entre la comunidad japonesa y el municipio. "Fue un trabajo hecho con la Municipalidad de Escobar y los paisanos japoneses. Nadie nos regaló nada, fue todo con el corazoncito", resume Inomata.

Después de aproximadamente seis meses de obra, el Jardín Japonés de Escobar fue inaugurado el 4 de octubre de 1969.

El predio original era un terreno llano: para crear el jardín se incorporaron desniveles, árboles, piedras y espejos de agua.

Los koi que pidió traer desde Japón

Uno de los elementos que inmediatamente llaman la atención durante el recorrido de GENTE es el lago. Allí nadan las carpas koi, uno de los símbolos más reconocibles de la cultura japonesa.

Su presencia tampoco fue casual. "Los peces koi son un ícono de Japón. Yo pedí que los trajeran acá", cuenta el paisajista.

El jardín fue concebido bajo los principios del estilo clásico Tsukiyama Sansui, cuya composición gira alrededor de la representación de la montaña y el agua. En sus 2.500 metros cuadrados, cada elemento busca formar parte de un paisaje pensado para la contemplación.

Puentes, piedras y vegetación forman parte del paisaje inspirado en los tradicionales jardines japoneses.

Y aunque puede recorrerse durante todo el año, su propio creador tiene una época favorita para recomendar. "El mejor momento para venir es en primavera, que empiezan a florecer las azaleas, y hasta otoño está todo lleno de plantas acuáticas. Es hermoso", asegura.

El hombre que también transformó el Jardín Japonés de Palermo

El trabajo realizado en Escobar no pasó inadvertido. Años después, Inomata recibió un desafío mucho mayor: intervenir el Jardín Japonés de Palermo, que había sido creado originalmente en 1967 con motivo de la visita a la Argentina de los entonces príncipes herederos Akihito y Michiko.

La vegetación fue elegida para que el paisaje se transforme a lo largo de las distintas estaciones del año.

Con el paso de los años, aquel espacio había sufrido un importante deterioro y la Asociación Japonesa en la Argentina convocó a Inomata para llevar adelante su reconstrucción y ampliación.

Los trabajos se desarrollaron entre 1978 y 1979 y contribuyeron a darle al espacio porteño buena parte de la identidad con la que se hizo conocido.

El lago es uno de los protagonistas del Jardín Japonés de Escobar y está poblado por peces carpa koi.

Sin embargo, cuando GENTE le pregunta hoy por aquella obra, su respuesta cambia de tono. El paisajista se muestra crítico con algunas de las modificaciones realizadas posteriormente y no oculta que el resultado actual se aleja de su concepción de un jardín tradicional japonés. "Hay mucho colorinche y no es el verdadero jardín japonés", sentencia.

Una vida entre Japón y la Argentina

Aunque Japón permanece muy presente en su obra, la vida de Inomata lleva décadas construida en Argentina. Acá formó su familia. "Tengo a mi esposa, una hija y un hijo. Mi hijo es médico y mi hija es diseñadora de indumentaria", cuenta.

Su último viaje a Japón fue en 2022 y tuvo un motivo particular: regresó para participar de la filmación de un documental sobre su vida. "No voy a Japón desde 2022. En ese momento fui a filmar un documental que me hicieron. Es mi pueblo, tengo amigos", recuerda.

Su carrera profesional, en cambio, ya llegó formalmente a su fin. Después de décadas diseñando paisajes tanto en Argentina como en Japón, Inomata decidió retirarse a los 85 años.

Fotos: Diego García.
Video: Luna Figliuolo.



 
 

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