La marcha por agua limpia en Guadalajara: familias, botellas y una represión que dejó huella – Revista GENTE
 

La marcha por agua limpia en Guadalajara: familias, botellas y una represión que dejó huella

Miles de ciudadanos, incluyendo familias enteras, salieron a las calles con muestras del agua contaminada que reciben en sus hogares. La protesta terminó con decenas de detenidos, heridos y un debate encendido sobre el derecho al agua y el uso de la fuerza pública.
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Una botella de agua turbia, levantada en alto por una madre de familia, se convirtió en el símbolo de la indignación que recorrió Guadalajara este domingo. Miles de personas —familias, estudiantes, adultos mayores— caminaron desde la glorieta de La Minerva hasta la residencia oficial del gobernador, Casa Jalisco, exigiendo lo más básico: agua limpia en sus hogares.

Lo que comenzó como una manifestación pacífica, con pancartas y consignas que reclamaban un derecho humano fundamental, terminó en una jornada marcada por la represión, la violencia y la preocupación social. Según cifras oficiales, cerca de 10 mil personas participaron en la protesta, aunque otras estimaciones hablan de cinco mil. Lo cierto es que la multitud fue contundente y diversa: niños en brazos, jóvenes con carteles que decían "Agua sin caca", personas con discapacidad y pacientes renales que dependen del agua potable para sus tratamientos.

El reclamo: agua limpia y dignidad

La protesta fue convocada tras semanas de denuncias sobre la mala calidad del agua en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Los manifestantes llevaron botellas con muestras del líquido sucio que llega a sus casas, buscando visibilizar el problema y exigir una solución inmediata. "Había un compañero que llevó un champú y pues por el momento uno aprovecha. La verdad es que hasta el cabello limpio traigo, por primera vez en un rato", relató Rubí, una estudiante, al describir con ironía cómo terminó empapada tras el uso de chorros de agua a presión por parte de la policía.

La marcha avanzó entre consignas y testimonios. Las familias mostraban sus botellas, los jóvenes coreaban frases contra el gobierno local y los enfermos renales alertaban sobre los riesgos para su salud. El ambiente era de exigencia, pero también de esperanza colectiva.

El giro: vallas, gas lacrimógeno y detenciones

Al llegar a las inmediaciones de Casa Jalisco, la tensión se hizo palpable. El edificio estaba rodeado por vallas y un fuerte operativo de seguridad. Según el gobierno estatal, un grupo de aproximadamente 400 personas comenzó a provocar disturbios: algunos con capuchas, palos y piedras, intentaron derribar las barreras y enfrentaron a los policías. Fue entonces cuando la situación se desbordó.

Las fuerzas de seguridad respondieron con gas lacrimógeno, chorros de agua a presión y detenciones. Testigos y participantes denuncian que la represión fue generalizada, sin distinguir entre quienes protestaban pacíficamente y quienes participaron en los disturbios. "No se tocó la empatía en el corazón, ¿no? De si había niños, niñas, señores... A mí me tocó ver mucho a personas discapacitadas", relató una manifestante, aún conmocionada por lo vivido.

El saldo fue contundente: 39 personas detenidas, 28 policías heridos —dos de ellos de gravedad— y 31 civiles que requirieron atención médica. Uno de los policías sufrió fracturas en el cráneo, pómulo y nariz; otro, el desprendimiento de un dedo. Las personas arrestadas fueron puestas a disposición de la Fiscalía General del Estado de Jalisco, que deberá determinar su situación jurídica.

Un precedente que resuena

La represión dejó una huella profunda entre los asistentes y en la opinión pública. Para muchos, la protesta por el derecho al agua terminó convertida en un episodio de violencia y miedo. "Va a quedar un precedente. Se juntó mucha gente, ahora mucha gente muy molesta. Yo creo que es la primera gaseada que les va a tocar a muchísima gente, entender cómo es de represivo Lemus, cómo es la policía de Lemus", expresó una de las participantes.

El debate ahora se centra en dos ejes: la urgencia de garantizar agua limpia para todos los habitantes de Guadalajara y la necesidad de revisar el uso de la fuerza pública ante demandas sociales legítimas. Mientras tanto, las imágenes de familias enteras marchando con botellas de agua contaminada y el recuerdo de una tarde que terminó entre gas y detenciones, siguen resonando en la ciudad.


 
 

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