“Somos acompañantes de la vida de los hijos, no directores”, reflexiona Benjamín Amadeo (42) en diálogo con GENTE. La frase resume buena parte de la filosofía que intenta aplicar puertas adentro junto a su esposa, Martina, con quien atraviesa una etapa tan intensa como movilizante: mientras Andes, su hija mayor, tiene cuatro años, en marzo llegó Paco, el segundo hijo de la pareja.
La paternidad, reconoce, cambió muchas cosas. No necesariamente al artista, pero sí al hombre que tiene que administrar sus tiempos para conseguir que la música y la familia convivan sin que una termine desplazando a la otra. “Creo que, más que como artista, me modificó en mi parte organizativa de trabajo. Sin dudas, te lleva a ser más eficiente”, asegura.

Ese equilibrio se construye sobre una dinámica que Amadeo define como un trabajo de “día a día, semana a semana, mes a mes”. Hay organización, ayuda cuando resulta necesaria y, fundamentalmente, diálogo con Martina, su esposa. El objetivo es claro: estar presente como padre sin renunciar a aquello que lo apasiona, pero procurando que esa misma posibilidad exista para su pareja.
Y justamente la vida parece haberle puesto esos dos universos frente a frente. Casi al mismo tiempo que nació Paco también terminó de tomar forma su cuarto disco (PROMETIERON VOLAR), dos proyectos que, aunque naturalmente incomparables, se gestaron prácticamente en simultáneo.
Benjamín Amadeo, entre la paternidad y la música: cómo cría a sus hijos sin resignar sus pasiones

—Presentaste hace poco tu cuarto disco, que entiendo, se remonta a tu infancia.
—Mirá, pasaron varias cosas en el último tiempo que me pusieron en un lugar, más que de nostalgia —que es algo a lo que le tengo bastante respeto, porque siento que la nostalgia puede ser, por momentos, una estafa—, de balance y de ver dónde estoy parado con un montón de situaciones en mi vida. Siempre escuchamos a los artistas o músicos decir, que los discos son como fotos del momento que uno está viviendo.
—Bueno, la portada de tu álbum es una foto tuya de chiquito. ¿Cómo es el momento que estarías viviendo vos?
—Bueno, yo encontré esta foto, que fue directo a ser la tapa del disco, donde se ve una foto real, una foto mía a los cuatro años. Se puede ver una especie de Superman, un superhéroe defraudado y preocupado. Me impactó mucho la foto porque es un poco un sentimiento que yo arrastro últimamente. Me di cuenta de que, en muchos aspectos, estoy viviendo un poco una era así, de preocupación con un montón de cosas: con el bienestar de la familia y mis proyectos. Como que me vi en un lugar, creo que producto también de mi edad y de mis amigos. En un estadío de vivir en cierta preocupación.
—¿Pero preocupación en qué sentido?
—De todo. Mirá, como te decía, de bienestar, de que mis amigos estén bien, de que mi familia esté bien, de que mis hijos estén bien. Como que la preocupación muchas veces tampoco tiene tanto fundamento, es como una inseguridad propia de querer que no le pase nada a nadie, y también a uno mismo.
—¿Qué recuerdos tenés de tu infancia? ¿Qué recuerdos atesorás?
—Mirá, yo tuve una infancia, se puede decir, con un saldo de felicidad. Tengo un lindo recuerdo de mi infancia. Una infancia con mucho movimiento, producto de la cantidad de miembros que éramos en mi familia. Somos cinco hermanos. Entonces, siempre tuve una infancia con mucho movimiento, con mucha gente en mi casa, con mucha gente alrededor, pero especialmente feliz y que me ha permitido a mí también construir cierta seguridad para después encarar las cosas que estoy haciendo.
—¿Y qué cosas de esa crianza que tuviste o de esa infancia las trasladás hoy con tus dos hijos?
—Bueno, yo creo, esencialmente, la libertad. Entender que uno no puede diseñar la vida de sus hijos y que eso viene a disolver un poco el control que, por lo menos, yo tengo. Esas ganas de que todo salga a medida de los deseos de uno. Después te das cuenta, inmediatamente, de que no controlamos nada.
La paternidad me llevó a ser mas eficiente".

—¿Eso te lo hizo notar la paternidad?
—Sí, sí, totalmente. Y es una linda revelación que va apareciendo porque, de alguna manera, cuando se termina la frustración, empieza a aparecer una liberación también. Que somos acompañantes de la vida de los hijos, no directores. Así que en esa estoy.
—Bueno, justo coincide con la llegada de este nuevo disco, el nacimiento de tu segundo hijo. ¿Cómo te llegó la noticia? ¿Lo estaban buscando?
—Sí, sí. Mi segundo hijo fue muy buscado.
—¿Se gestó primero este o tu bebé musical?
—Buena pregunta. Viste que, en realidad, yo terminé la gira del disco pasado y ya empecé a hacer canciones. Empezás armando como tu pequeño proyecto, que se va engrosando con canciones a medida que pasan los días, entendiendo que eso después se va a volver un disco. Y, bueno, el bebé, Paco, que llegó en marzo, se gestó antes que el disco. Pero fue bastante simultáneo.
—Benja, ¿cómo te cambió como artista la paternidad?
—Me modificó mucho a la hora de trabajar. Mucho más concentrado en el uso del tiempo, que es algo que es muy posible que pierdas. No es que perdés, pero bajan mucho los espacios de ocio y los momentos de tiempo libre.
—Claro, empezás a aprovechar mucho mejor tu tiempo también porque te empieza a faltar tiempo, ¿no?, para la crianza.
—Creo que, más que como artista, me modificó en mi parte organizativa de trabajo. Ahí, sin dudas, te lleva a ser más eficiente.
—Decís que Paco fue muy buscado. ¿A vos te gustaría una familia grande o no vas por ese camino?
—Yo creo que pasa algo: ya somos un montón en la familia, en la familia núcleo, mi pareja y mis dos hijos. Yo ahora siento que estamos. Tuvimos a nuestra primera hija de grandes, los dos. Mi esposa tiene la misma edad que yo y siento que ahora, con la llegada del hermano, que ya estamos.
Es impresionante lo que absorben los chicos: con Martina somos muy cuidadosos de lo que decimos y cómo actuamos”.

—Claro, ya tienen la parejita igual.
—Igual, nunca digas nunca. Pero siento que sí, que hoy te digo que ya estamos. También pienso mucho en no hacer crecer una familia, si puede haber algún tipo de ausencia cuando son muchos, por ahí puede tener un sinsabor. Y creo que con dos estamos muy bien.
—Me diste el pie para preguntarte por la ausencia. La vida del artista es compleja dentro de una familia. En tu caso, ¿cómo lo estás sorteando? ¿Cómo sentís que vas llevando la paternidad ahora por dos?
—La verdad, es día a día, semana a semana, mes a mes. Es importante tener, en ese sentido, una compañera que entienda desde el principio, cuando empezás la relación, qué clase de trabajo y qué clase de pasiones uno tiene para que las conversaciones de organización sean fructíferas. Y siempre entendamos que yo, por lo menos, todo lo que propongo es para poder seguir estando y también sin dejar el proyecto mismo. Ella con sus cosas también. Y la verdad que es un trabajo bastante semana a semana porque yo, por ahí, los fines de semana los tengo muy comprometidos, pero en la semana estoy un montón en mi casa.
—El esquema es ese de momento y te funciona.
—Sí. La verdad es que, medio semana a semana, tratamos también, dependiendo de los días y los horarios, de tener ayuda. Eso es un superlujo: alguien que te pueda ayudar para poder salir o para poder ir a hacer una nota, un programa o ir a un estreno, salir a tocar. En ese sentido, tratamos de organizarnos bastante bien. Por ahora viene bien y siempre con el diálogo muy abierto para que ninguno de los dos deje sus pasiones y las cosas que le gusta hacer de lado.
—¿Al final terminás resignando algo o vienen bien en ese sentido?
—Siempre pasa. Pero tratamos de que sea lo más conversado posible, y lo más equilibrado posible.
—Tu primera hija le lleva cuatro años a Paco. ¿Sentís que hay algo que cambiarías en la fórmula de crianza de Paco respecto a la de Andes?
—Sí. Aunque también siento que lo que tengo claro es que el manual de lo que había que hacer durante el día llega a las once de la noche. Entonces, hay mucho que tiene que ver también —esto lo aprendí a la fuerza— con la energía del bebé y su personalidad. Pero para responderte, te puedo decir algo que hablamos siempre con Martina: ser muy cuidadosos de lo que decimos entre nosotros o le decimos a otros en lenguaje adulto.
—Se cuidan de las malas palabras.
—Totalmente. Porque es impresionante lo que absorben los chicos las palabras y las conductas. Me pasa a mí que puteo mucho al aire. Con Martina creemos que hay que tener mucho cuidado o estar muy atento a lo que decimos y cómo nos movemos y demás para dar buenos ejemplos.
—Eso te enseñó Andes cuando empezó a hablar (risas).
—Sí, eso aprendí. Que de repente te tiran una y soy yo hablando.
Paco, el segundo hijo de Benjamín Amadeo: "Se parece a mí. Estoy en la tarea maravillosa de conocerlo"

—¿Qué podés contarnos de Paco? ¿Cómo es su personalidad?
—Es un bombón, pisciano, muy sensible, muy risueño. Está todo el día pura risa. Y, bueno, la verdad que estoy en la tarea maravillosa de conocerlo. Tiene apenas meses, entonces vas y va conociendo nuevas cosas constantemente.
—¿Ya viste rasgos físicos en las que se parezca a vos o a Martina?
—Se parece re a mí. Y es muy loco ir conociéndolo.
—¿Hay algo que te haya despertado le nacimiento de Paco?
—Es muy loco entender que, claro, cuando tenés un pibe, como teníamos nosotros antes, te pasa que decís: “No, ¿cómo voy a poder amar a otro ser?”. Porque la paternidad despierta algo que está adentro nuestro, que es muy impresionante de sentir. Entonces, cuando nace, en este caso, el hermano, nosotros pensábamos: “Bueno, ¿cómo vamos a hacer?”. Porque sentís como que no hay lugar para otro amor así.
—Hasta que llega el segundo.
—Total, total. Aparece y es espectacular ver como es algo que se multiplica. Uno imagina que no y sí, se multiplica. Y así estamos, babosos por Paquito, por sus risas y abocados a la tarea de criarlo y de conocerlo.
—¿Y cómo recibió Andes la llegada del nuevo integrante? Porque a veces se puede generar esto de quizás los celos de tener que compartirlos.
—Se crea un poco, mucho más con nosotros que con el hermano. Eso, sin duda, sí se generó. Pero bueno, teníamos todas las advertencias posibles, así que nos lo tomamos con mucha naturalidad. Aunque también es muy tierno ver cómo, en el proceso, ella va incorporando la idea del hermano, cómo lo va asimilando, lo va incorporando, lo va queriendo y ahora ya es un amor de hermanos total. Y lo más lindo para mí, esto en plan baboso, es que la persona con la que Paquito más se ríe es con la hermana. Ahí es donde digo: “Ya arrancamos bastante bien”. Me parece que es una linda manera de comenzar el vínculo entre hermanos.
Benjamín Amadeo y una gira en medio de la paternidad: "Es duro"
El desafío será volver a salir de gira con un bebé de pocos meses en casa. Pero Benjamín Amadeo ya conoce esa experiencia por lo vivido con Andes y sabe también qué implica la distancia: “Es duro porque nunca tengo ganas de no estar”, admite.
Videollamadas, viajes de pocos días y el regreso al hogar forman parte de una fórmula que busca perfeccionar sobre la marcha. “No te querés perder nada”, reconoce sobre esos primeros años que parecen transcurrir demasiado rápido.

—Se viene una gira luego del lanzamiento de tu nuevo disco. ¿Cómo estás organizando tu calendario artístico con tus deberes paternos?
—Bueno, ahora llega el momento como de la verdad para la música, que es salir a tocar. Es algo que me entusiasma un montón. Me encanta vivir lo que es presentar un disco, que siempre, para mí, es un hermoso momento. Me gusta lo que pasa con el público. Me gusta ese desafío de ver qué canciones están ahora en el corazón de la gente, qué parte de las canciones eligen... Hay algo ahí que empezás a conocer del público también, justamente por lo que van eligiendo de lo que uno va sacando. Así que tengo por delante una gira muy linda que empieza en Lima, Perú. Después voy a Córdoba, Concordia, voy a Montevideo y, bueno, vamos a hacer un gran show en Buenos Aires, en el Teatro Gran Rex, el 5 de noviembre.
—¿Cómo vas a hacer con Paco? ¿Ya tenés experiencia, te tocó una gira en el medio con Andes o no?
—Sí, me tocó hacer una gira en la etapa de Andes. Lo sorteamos bastante bien, con videollamada, con mucho amor. Aparte son giras que, digamos, voy y vengo. No estoy más de cuatro o cinco días afuera. Lo máximo que he estado fueron ocho días, alguna cosa así.
—¿Te agarra en algún momento como culpa?
—Bueno, es duro porque nunca tengo ganas de no estar.
—Y más en esta etapa, que es cuando crecen muy rápido, ¿no?
—Sí, sí. No te querés perder nada. Pero bueno, la verdad es que se arma y después la alegría de volver al hogar es total. Se puede. Y, por ejemplo, ya Andes quiere venir a los conciertos. Entonces es algo que empieza a ser después compartido, en la medida de lo posible. Así que eso está bueno también.
—¿Se fomentá en casa lo artístico? ¿Cómo es el vínculo con la parte musical?
—En casa hay música naturalmente porque yo tengo mi estudio acá y, bueno, acá se vive la música, suenan las cosas, escucho en un parlante, en otro, un disco que estoy haciendo. Hay instrumentos por todos lados. Pero lo que sí tratamos de hacer es que no sea algo impuesto.
—Que su interés sea orgánico, ¿no?
—Total. Siento que ya, desde que nacieron, viven en una casa con mucha música alrededor. Entonces, me gusta creer que la inclinación por la música les va a venir. Aunque me lo tomo muy natural porque, aparte, siento que hemos aprendido, de errores de otros, donde a veces lo impuesto no termina saliendo realmente como uno quiere.
Me parece que la manera más genuina de que se despierten inquietudes es la libertad total”.

—En tu caso, ¿fue así? ¿Hubo algún tipo de imposición?
—No, todo lo contrario. Libertad total. Y es algo que aplico porque me parece que es la manera más genuina de que se despierten inquietudes. Con el juego, con lo libre. Por ejemplo, hay un piano en la casa porque hay, y está disponible si quieren jugar o les da curiosidad. Pero no es que tengo como una pasión de que alguien siga mis pasos. En ese sentido, me parece que tiene que ser lo más propio de cada uno posible.
—¿Y qué te expresa Andes? ¿Con qué se emociona más? ¿Ya lograste notarlo?
—Bueno, lo que nos dimos cuenta es que ella tiene una inclinación por las letras muy impresionante. Le gusta mucho aprender a leer y aprender a escribir. Le gusta la música, le gusta bailar. Es como que claramente lo artístico y la lengua, digamos, le tiran. Te das cuenta cuando un chico está haciendo algo durante mucho tiempo, es porque le gusta sí o sí, no tiene otra explicación. La atención siempre es muy limitada, pero cuando yo llego y la veo que está aprendiendo a escribir sola en un cuaderno y vuelvo a la media hora y está haciendo lo mismo, es que claramente hay algo ahí que le apasiona. Así que estamos ahí, descubriendo sus pasiones y acompañando.
—Acompañando con total libertad, como decís.
—Sí, sí. Es fundamental eso. Creo que es la mejor manera de acompañar: que vaya despertando sus curiosidades con las cosas del mundo y ahí estaremos,
—¿Qué le diría el Benja de 42 años al pequeño Benja de la foto, si pudieses volver hacia atrás?
—Sabés que no tengo muchos remordimientos, honestamente. Sí le podría decir al niño de la foto que empiece antes con la música, que se anime, que van a pasar cosas muy lindas. Yo creo que, por varios motivos, empecé a mostrar mis canciones después de lo que por ahí hubiese querido. Pero, bueno, todo llega a su tiempo y también uno es una construcción de cada paso, ¿no?
—Cada uno tiene sus tiempos...
—Claro. Te das cuenta de que por ahí, si lo hacía antes, no lo hacía con la seguridad con la que lo hice. Pero, bueno, no es un remordimiento que tengo ni a palos porque estoy contento con lo que estoy haciendo. Pero sí siento que podría haber empezado a mostrar antes, porque yo hago canciones desde que me acuerdo que toco la guitarra. El tema es que no me animaba tanto a mostrarlas.
—¿Te veías estando donde llegaste hoy? Tener una familia, dos hijos, cuatro discos...
—No, no me lo esperaba ni a palos y eso es lo más divertido. Superó mis expectativas para bien. No era lo que yo me imaginaba. Así que estoy contento. Y estoy contento de que, en todo caso, no les enseño a mis hijos, sino que les muestro a mis hijos que trato de hacer lo que me gusta de la manera más honesta conmigo. Y eso ya creo que es un montón.
—¿Eso te gustaría que les quede de vos en su crecimiento personal?
—Total. Espero que esto sea un lindo ejemplo. De hacer lo que uno siente y no traicionarse. Así que ojalá que eso quede en ellos.

