Hay un dato que la Confitería La Piedad guarda con orgullo, casi como una reliquia: entre sus clientes de toda la vida estuvo Jorge Bergoglio, mucho antes de convertirse en el Papa Francisco. Cuando todavía vivía en Buenos Aires, el hoy sumo pontífice tenía debilidad por los clásicos sándwiches de jamón y queso de este local de la calle Florida, los mismos que hoy siguen siendo los más pedidos por oficinistas, turistas y transeúntes que hacen cola cada mediodía.
El local atravesó el esplendor comercial de la zona, la transformación del centro porteño, la llegada masiva de las casas de cambio, las crisis económicas y hasta el golpe que significó la pandemia. Durante ese último período, lejos de bajar las persianas, la familia aprovechó para hacer reformas y mantener en funcionamiento un negocio que ya llevaba décadas integrado a la postal del Microcentro.

Un inmigrante italiano y una tradición que cumplió más de 80 años
La Piedad abrió sus puertas en 1944, de la mano de Miguel Sabatella, un inmigrante llegado de Cosenza, Italia, que volcó en el local su formación como panadero y su gusto por el detalle artesanal. Ocho décadas después, la confitería sigue en manos de la misma tradición familiar, en un rubro donde sobrevivir tanto tiempo sin perder identidad no es un dato menor.
Hoy, la tercera generación de los Sabatella continúa al frente del negocio. Diego y Natalia se incorporaron al trabajo cotidiano después de que la familia sostuviera durante décadas una premisa sencilla: ofrecer productos elaborados en el día y mantener el estándar artesanal que había impuesto su fundador. El propio Diego Sabatella explica que los rellenos se preparan con productos de primera calidad y que la producción no está pensada para conservarse de un día para el otro: lo que se hace, se vende durante esa jornada.
Del jamón y queso al vitel toné: el sándwich de miga como laboratorio y el secreto mejor guardado
Además de los tradicionales sándwich de jamón y queso –el preferido de Bergoglio y de buena parte de su clientela habitual–, la carta de La Piedad se despliega en combinaciones que van de lo clásico a lo audaz. Están los infaltables de tomate y jamón o atún con huevo, pero también propuestas más elaboradas como mortadela con pistachos, queso Dambo con pesto casero, o tomates secos, palta y aceite de cilantro.

En los últimos años sumaron versiones inspiradas en platos bien argentinos, como el de vitel toné o el de milanesa completa, además de combinaciones más sofisticadas: roquefort con peras confitadas y nueces, salmón, o pastrón con pepinos agridulces. Incluso tienen uno impensado que combina "jamón, queso y papas Lays con salsa Big Mac".
La confitería, que también es ideal para comprar delicias al paso o pedir por delivery, ofrece mesas dentro y fuera del local, incluso fue destacada por ofrecer la alternativa de armar el sándwich en el momento con los ingredientes elegidos por el cliente. Y los viernes suelen aparecer propuestas especiales que no forman parte de la carta habitual, una estrategia que mantiene cierta cuota de sorpresa entre los habitués.
Para Sabatella, el secreto no pasa únicamente por la cantidad de relleno. El pan tiene que tener una miga suave, elástica y capaz de absorber la humedad de los ingredientes sin desarmarse, mientras que los productos utilizados para completar cada combinación deben conservar su calidad y frescura. Es una lógica artesanal que se mantiene desde los comienzos del negocio y que explica por qué, más allá de las modas gastronómicas, el sándwich de miga continúa siendo la verdadera estrella de la casa.

El vínculo con Bergoglio y una historia que excede al sándwich
El vínculo con Jorge Bergoglio tuvo, además, una dimensión que fue más allá de una simple relación entre cliente y comercio. Según contó Diego Sabatella, el entonces cardenal frecuentaba personalmente el local y compraba allí facturas y sándwiches de miga para las reuniones que mantenía en la Catedral Metropolitana. La historia adquiere otra dimensión al saber que el fundador había bautizado al negocio como La Piedad por su devoción católica y por la célebre escultura de Miguel Ángel.
Décadas después, convertido en Papa Francisco, aquella costumbre adquirió una dimensión inesperada y transformó a La Piedad en una de esas pequeñas historias porteñas capaces de conectar la vida cotidiana con una figura de alcance mundial.
Especialidades, precios y todo lo que hay que saber
La Piedad mantiene una propuesta amplia de panadería, pastelería, cocina y catering, con productos dulces y salados para consumir en el local, llevar o pedir a domicilio. La propia confitería ofrece actualmente, además de sándwiches de miga triples surtidos, especiales y vegetarianos, empanadas, tartas, ensaladas, tortas, tartas dulces, masas secas y productos de panadería.
El local está ubicado en Florida 31, entre Avenida Rivadavia y Roque Sáenz Peña, a metros de la Plaza de Mayo y la Catedral porteña –un dato que le agrega otra capa de sentido a su vínculo con quien encabezó la Iglesia Católica–. En subte, las estaciones más cercanas que te dejan son Catedral (línea D) y Perú (línea A).
Ocho décadas después de que Sabatella amasara sus primeros panes, La Piedad, que abre de lunes a viernes de 7:00 a 18:00, sigue siendo la parada obligada de quienes cruzan el Microcentro al mediodía.

