La madrugada de este domingo, la tormenta tropical Rachel se disipó sobre el suroeste de Estados Unidos, pero no sin antes dejar su huella en Baja California. En Ensenada, la fuerza de las lluvias sorprendió a la ciudad: en apenas tres horas, se registraron hasta 147 milímetros de precipitación, una cifra inusual que transformó calles y avenidas en ríos improvisados y puso a prueba la resiliencia de sus habitantes.
La llegada de Rachel, que tocó tierra cerca de Campo de Enmedio, a unos 40 kilómetros al sur-sureste de Ensenada, marcó una noche de tensión y vigilancia. Las precipitaciones intensas anegaron vialidades claves como la avenida Reforma y la calle Diamante, mientras en la colonia Aeropuerto, el agua atrapó vehículos y complicó el desplazamiento de vecinos. El sonido de la lluvia, sumado a ráfagas de viento de hasta 85 kilómetros por hora, acompañó a quienes pasaron la noche atentos a los avisos de Protección Civil.
Viviendas a oscuras y calles bajo el agua
La tormenta no solo trajo agua: también provocó cortes de energía eléctrica en varias colonias de Ensenada, consecuencia de fallas en transformadores forzados por la intensidad del fenómeno. Las autoridades locales y estatales recibieron reportes de interrupciones en el suministro, mientras cuadrillas de emergencia trabajaban para restablecer el servicio.
La Secretaría de Marina activó el Plan Marina en su fase de prevención, coordinando acciones de vigilancia y auxilio junto a Protección Civil y otras instituciones. Refugios temporales se mantuvieron disponibles para quienes necesitaran resguardo, y la recomendación fue clara: ante cualquier incidente, llamar al 911 y evitar zonas de riesgo.
El mar, otro protagonista: oleaje peligroso y advertencias
El paso de Rachel también alteró las condiciones marítimas en el norte de Baja California y el sur de California. El Centro Nacional de Huracanes advirtió que el oleaje generado por la tormenta, sumado a mareas altas y una marejada procedente del sur, podría agravar la erosión costera y provocar inundaciones adicionales en zonas bajas. En algunos puntos de la costa estadounidense, el nivel del agua superó en 46 centímetros las previsiones habituales.
Aunque Rachel perdió su estructura ciclónica y se degradó a una baja presión remanente, las autoridades mantuvieron la alerta por el riesgo de corrientes marinas y oleaje peligroso, especialmente para pescadores, embarcaciones y quienes realizan actividades recreativas en la costa.
Un fenómeno que trasciende fronteras
La influencia de Rachel no se limitó a Baja California. La humedad remanente del sistema se desplazó hacia el sur de California y la Gran Cuenca en Estados Unidos, donde se esperan lluvias fuertes y posibles inundaciones urbanas. En Mexicali, las autoridades pronosticaron lluvias dispersas y vientos de hasta 55 kilómetros por hora, con mayor intensidad durante la noche y la madrugada.
El Servicio Meteorológico Nacional confirmó la disipación de Rachel sobre territorio estadounidense y retiró los avisos costeros en México, aunque recomendó mantener la precaución en zonas afectadas. Las imágenes de calles inundadas y viviendas a oscuras en Ensenada quedarán como testimonio de una noche en la que la naturaleza recordó su poder y la importancia de la prevención.
Mientras las cuadrillas trabajan para restablecer la normalidad, la comunidad de Baja California permanece atenta a los posibles efectos residuales de la tormenta, con la esperanza de que los próximos días traigan calma tras el paso de Rachel.


















































