El 12 de enero pasado, la calma de La Frontera, en Pinamar, se rompió en mil pedazos. Aquella tarde, un choque entre un UTV y una camioneta Amarok dejó a Bastián Jeréz, un nene de apenas 8 años, peleando entre la vida y la muerte. Hoy, a pocos días de cumplirse cuatro meses de aquel impacto que conmovió al país, su madre, Macarena Collantes, rompió el silencio en una charla cargada de emoción donde confirmó lo que miles de argentinos rezaron: "Basti sí está fuera de peligro".
Fueron meses de "noches de desesperación" y una lucha incansable que incluyó 11 operaciones. Macarena, instrumentadora quirúrgica de profesión, pasó de los quirófanos a las salas de espera, convirtiéndose en el bastión de un milagro que los médicos aún intentan explicar.
"Es un milagro. Estoy contenta que hoy mi hijo esté acá. Sé que tenemos un camino largo por recorrer, pero con mucha fe de que Basti va a quedar sin secuelas", confesó con lágrimas en los ojos, recordando que al principio el único pronóstico era rezar.

El misterio de sus recuerdos: ¿Qué sabe Bastián del accidente?
Una de las mayores incógnitas era la conciencia del nene sobre lo ocurrido. Macarena reveló que, aunque el pequeño es plenamente consciente de su situación actual, su mente decidió protegerlo del trauma del impacto. "Él se acuerda de todo, de todo, menos del accidente. Él se acuerda que estaba en la playa con su papá, con sus amigos, que estaba de vacaciones, pero después de lo que pasó el choque, no, él no recuerda nada".
Hace apenas un mes que Bastián comenzó a preguntar qué le había pasado. Con la delicadeza que solo una madre posee, le fueron contando la verdad de a poco. A pesar de los cables y las máquinas, su esencia de niño sigue intacta: extraña a su "seño" Carla, del colegio, y se entusiasma con el álbum de figuritas, habiendo conseguido finalmente la de Messi tras una semana de búsqueda.

Un avance clave: el camino a la rehabilitación
Bastián, que actualmente sigue internado en la terapia intensiva del Hospital Italiano, ha dado pasos agigantados. Tras haber estado con el "abdomen abierto" y enfrentar múltiples complicaciones, el pasado 12 de mayo marcó un hito en su recuperación: "lo sentaron por primera vez al borde de la cama".
Ahora, el objetivo está puesto en un centro de rehabilitación especializado. "Falta poco para que vayamos a un centro de rehabilitación. Estamos terminando de resolver algunos asuntos los médicos con respecto a su abdomen y decidiendo si colocan o no un botón gástrico para poder irnos", explicó Macarena. Se estima que en menos de un mes y medio el pequeño guerrero podrá dar ese gran paso.

El perdón y la solidaridad: una familia unida por el amor
A pesar del dolor y de que el accidente ocurrió mientras Bastián iba con su padre sin cinturón de seguridad, Macarena eligió el camino del amor por sobre el de la recriminación.
"Yo no lo podría culpar. Yo no, por lo menos. No es algo que él quiso ocasionar ni mucho menos. Yo sé cuánto él lo ama y sé lo gran padre que es", afirmó sobre Maxi, el papá del nene, con quien se turna cada 24 horas para no dejar a su hijo solo ni un segundo.

La recuperación, sin embargo, requiere de un esfuerzo económico enorme. Para afrontar los gastos de la internación y lo que vendrá en la rehabilitación, la familia lanzó una rifa solidaria de 10.000 pesos y habilitó un alias para recibir donaciones.
Como bien dice su madre, la fuerza de Bastián nace de su fe y del apoyo de la gente: "Bastián también aumentó su fe y cree mucho también". Hoy, el nene que entró en paro en la playa de Pinamar es un "lorito" que, aunque todavía se comunica con una pizarra por su traqueotomía, ya volvió a decir las palabras más importantes de su vida: "mami" y "papi".
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