El clima de hostilidad que rodea a Mariela Altamirano, la mamá de Ángel López, el chiquito de 4 años muerto en Comodoro Rivadavia, parece haber traspasado los muros del Instituto Penitenciario Provincial (IPP).
Es que la mujer, que cumple prisión preventiva por seis meses tras ser imputada por el “homicidio agravado por el vínculo” de su hijo, vivió una noche de terror este miércoles cuando el fuego se apoderó de su sector de alojamiento.

El incidente, ocurrido en el Instituto Penitenciario Provincial (IPP) ubicado sobre la Ruta Nacional N°3 en Trelew, encendió todas las alarmas de una causa que no deja de sumar capítulos de extrema tensión.
Todo sucedió en el módulo 1 del penal, el lugar donde la madre del nene de 4 años intenta pasar sus días bajo una custodia que se volvió aún más estricta.
Según confirmaron fuentes oficiales, el foco se originó cuando dos internas “prendieron fuego el pabellón”, utilizando un pedazo de colchón de goma espuma para iniciar las llamas.
El humo negro comenzó a ganar los pasillos y la desesperación se apoderó de las reclusas que comparten el área con la mujer más señalada de Comodoro Rivadavia.

A pesar de la espectacularidad del hecho y del riesgo inminente de una tragedia, el personal policial actuó de manera inmediata.
El jefe penitenciario de la unidad llevó tranquilidad al informar que el foco fue rápidamente controlado y que, afortunadamente, “no hubo heridos”.
En medio de los rumores que indicaban un posible ataque directo contra Altamirano por la naturaleza del crimen que se le imputa, el funcionario fue tajante al despegarla del conflicto inicial: “Todo fue producto de una diferencia entre dos internas”, aseguró el uniformado.
Sin embargo, en el penal la calma es frágil. En ese pabellón conviven unas 15 mujeres, muchas de las cuales poseen encendedores por ser fumadoras, lo que facilita el inicio de este tipo de motines o agresiones.

Aunque la versión oficial intente minimizar el vínculo del incendio con la presencia de Altamirano, el estigma de haber entregado a su hijo a un destino de “maltrato sostenido” con lesiones que databan de diez días antes de su muerte, genera un rechazo que en el código carcelario suele pagarse caro.
Cabe recordar que la mujer llegó a esta instancia luego de que la autopsia de Ángel revelara una realidad estremecedora: el pequeño murió por un edema cerebral hemorrágico producto de múltiples golpes en la cabeza.
Durante la audiencia donde se dictó su detención, Altamirano se mantuvo en una postura que muchos describieron como gélida. “Se mostró en silencio, con la mirada baja y evitando cualquier contacto visual” con los familiares del nene, mientras escuchaba los detalles de las lesiones internas y el “síndrome del sacudón” que habrían terminado con la vida de Ángel.
Mientras su pareja, Maicol González, sigue insistiendo en su inocencia desde otra dependencia, Mariela Altamirano debe enfrentar la realidad de un encierro que, como demostró el colchón quemado este miércoles, puede volverse un infierno en cualquier momento.
La Justicia justificó su prisión preventiva por el riesgo de fuga y la posibilidad de que se entorpezca la investigación, pero ahora es la seguridad física de la imputada la que queda en el centro del debate tras este principio de incendio que pudo ser fatal.
