En tiempos donde las redes sociales suelen estar dominadas por challenges, bailes virales y tendencias pasajeras, una joven monja argentina de 26 años, Agostina Amado, logró captar la atención de miles de usuarios de una manera inesperada: bailando murga con una sonrisa imposible de disimular.
Así comenzó a viralizarse esta novicia de la congregación Hermanas Mercedarias del Niño Jesús que rápidamente fue bautizada en redes como “la monja murguera” o “la monja influencer”.
El video, grabado durante un evento escolar, explotó en Instagram con más de 100 mil reproducciones y fue replicado por distintas cuentas. Allí se la veía entregada al ritmo de bombos y platillos, disfrutando como una más entre los bailarines.
“Bailo porque lo llevo en la sangre, pero lo doy por entero porque Jesús también está en esto. Él me llama como soy y me quiere feliz”, escribió en el posteo que despertó cientos de comentarios positivos.

Después de este episodio, en una fría mañana de otoño, la joven recibe al equipo de GENTE en el Instituto Redemptrix Captivorum, en la zona de Caballito. Un lugar atravesado por su propia historia: allí estudió desde salita de tres hasta quinto año y hoy volvió convertida en docente y hermana religiosa.
Entre esos mismos pasillos donde alguna vez fue alumna, la hermana Agostina ahora da clases de religión a chicos de jardín y primaria -que la saludan con entusiasmo mientras está frente a cámara- convive con otras monjas y desarrolla gran parte de su vida cotidiana.
“Vengo acá desde que tengo 3 años. Estudié toda mi vida acá, desde la salita de tres hasta que salí de quinto año del secundario. Después de que me egresé seguí viniendo a los encuentros de niños y jóvenes, hasta que decidí entrar a la congregación y me fui a Córdoba. Después por cosas de Dios me tocó volver acá”, cuenta. Y agrega emocionada: “Todo lo que soy es en gran parte a esta escuela. Me pone muy contenta estar de nuevo en estos pasillos, volver a estar con los chicos. Es muy loco tener de compañeros de trabajo a maestros que fueron mis profesores”.
Cómo nació “la monja murguera”
Aunque el video se volvió viral en cuestión de horas, Agostina asegura que jamás imaginó semejante repercusión. “No me esperaba hacerme viral porque la verdad es que yo ni registré si la gente estaba filmando o no. A mí me invitaron a bailar durante el desfile de la murga; yo bailé murga desde que tenía 4 años hasta que ingresé con las hermanas”, recuerda.
Este baile, explica, forma parte de su identidad desde chica. “Yo siempre le digo a mis hermanas que escucho un bombo y un platillo y se me mueven los pies solos (risas). Bailo desde que tengo 4 años y es algo que viene como de herencia familiar, porque mi papá bailaba y mi abuela bailaba. Nos criaron en medio del barrio porteño con la murga, entonces es algo que también tengo en la sangre”, recuerda.
Lejos de esconder esa faceta artística, Amado decidió abrazarla también dentro de su vocación religiosa. Y eso, justamente, fue lo que más llamó la atención en redes: ver a una monja joven, alegre y cercana, rompiendo con los estereotipos tradicionales.
La decisión que sorprendió a toda su familia
A diferencia de lo que muchos podrían imaginar, la vida religiosa no formaba parte del destino familiar de Agostina. “En absoluto”, responde cuando le preguntan si ser monja era una herencia familiar.
“Yo ingresé a la congregación en 2021, cuando tenía 20 años. Vengo de familia católica, decidieron mandarme a esta escuela; mi familia es creyente, capaz no tan practicante, pero sí con sacramentos y todo. No sé si fue una herencia o algo tan predestinado porque tampoco se lo esperaban”, admite.
Todo cambió durante una misión solidaria en Entre Ríos, en el verano de 2020. “Lo que a mí me movilizó fue ver a las hermanas vivir su vida y la alegría con la que lo hacían. En ese momento me agarró una angustia muy grande y lloraba; yo no entendía qué me pasaba, pero sí sabía que Jesús me estaba queriendo decir algo, me estaba pidiendo algo más”.

La charla familiar no fue sencilla. “En un momento encontré un hueco de silencio y dije: ‘creo que quiero ser monja’. Me quedé callada. Ahora ya nos reímos y están todos contentos, pero en ese momento habrá sido fuerte”. Sin embargo, asegura que siempre se sintió acompañada. “Mi familia siempre me acompañó, capaz no lo entendieron o les dolió y lo lloraron, pero ninguno se enojó ni me dejó de hablar”.
Las renuncias y los sacrificios detrás de la vocación
Tomar los hábitos también implicó dejar atrás parte de la vida que conocía hasta entonces. “Creo que la renuncia más grande es irse de la casa de uno”, reflexiona. Agostina se mudó a Córdoba por un tiempo para comenzar su formación religiosa y allí tuvo que reorganizar su día a día.
“Yo estaba estudiando y, aunque la congregación me dejó seguir la misma carrera, tuve que dejar mis amigas y mi facultad acá para continuar en Córdoba. También hacía deporte y tuve que dejarlo”, sostiene.
Sin dramatizarlo, esta hermana de 26 años lo entiende como parte de cualquier determinación bisagra. “Siempre digo que todas las decisiones importantes implican renuncias: cuando uno se casa, cuando tiene hijos o cuando se decide ir del país”.

Redes sociales, memes y evangelización: cómo las monjas rompieron el tabú
En paralelo a su vocación, Agostina y otras hermanas comenzaron a mostrarse activamente en redes sociales, algo que años atrás parecía impensado dentro de la Iglesia. “Las redes sociales hoy en la vida religiosa, al menos en nuestra congregación, es algo muy natural porque todas las hermanas ingresamos jóvenes y ya veníamos con redes. No estamos limitadas en eso, siempre que no interrumpa nuestra vida ni perdamos el eje”, explica.
Incluso menciona la influencia del Papa Francisco y su idea del “sexto continente” digital. “El Papa Francisco acuñó el término del ‘sexto continente’ para referirse al mundo digital, invitándonos a anunciar el evangelio a esas personas que viven en ese continente y que capaz no vamos a ver presencialmente”.

Y sigue: "Hoy las redes no son solo compartir información, sino encontrarse con otros digitalmente. Es importante porque hay mucha gente sola o situaciones de violencia donde todo el mundo dice lo que piensa; que la Iglesia esté presente ahí para dar buenas noticias y alegría está muy bueno", reconoce.
Sobre el primer video en el que apareció en redes sociales, recuerda: "Tenemos una hermana que se hizo más famosa en Instagram y TikTok durante la pandemia, la hermana Josefina. En un encuentro de jóvenes hicimos un video del famoso "ping pong" de preguntas y respuestas; fue la primera vez que aparecí. Ella nos arrobó y mucha gente empezó a pedirme solicitud, porque yo tenía la cuenta privada y no sabía quiénes eran. Ahí decidí ponerla pública, pensando que si mi intención en la calle es reflejar a Jesús, también lo pueden hacer las redes sociales".

Así empezaron los reels, los memes y los videos virales junto a otras hermanas. “Entre las hermanas nos matamos de risa buscando las mejores escenas y tomas. Le hemos encontrado la vuelta y nos mandamos grabaciones que son tendencia para ponerle nuestro ‘plus’ desde nuestro lado... No subo cosas a cada rato, y cuando lo hago trato de transmitir mi vida personal y mi parte religiosa sin decir solamente una palabra del evangelio.
Y aunque muchos podrían asociar la vida religiosa con algo solemne o distante, Agostina insiste en humanizar esa imagen. “No por ser religiosas vamos a ser personas serias o aburridas; somos personas antes que religiosas... Intentamos demostrar que somos felices con nuestra elección. Que estamos acá por elección y no porque no nos quedó de otra", destaca.
Cómo es la vida cotidiana de una monja de 26 años
Actualmente Amado vive dentro del colegio junto a otras cuatro hermanas. Comparte desayunos, momentos de oración, clases y hasta salidas cotidianas. “Somos cinco hermanas en este momento y somos todas de distintas edades, así que es desafiante a veces y también muy enriquecedor”, cuenta.

Su rutina comienza temprano con la oración comunitaria. Después da clases en jardín y primaria, y por las tardes cursa Ciencias Sagradas en un profesorado de Buenos Aires. Además, aclara que puede salir, caminar o visitar a su familia sin problemas. “Tengo mi familia aquí en Buenos Aires, entonces cuando puedo me acerco y los voy a visitar. También son cosas que nos hacen bien, los espacios personales para cada una: ir a la plaza una tarde, hacer las compras también, llevamos una vida normal", detalla.
Mientras su popularidad en redes continúa creciendo, Agostina asegura que el objetivo nunca fue convertirse en influencer, sino transmitir alegría desde el lugar que eligió para vivir. “Mi intención es transmitir lo que soy y lo que vivo”, resume.
Video: Luna Figliuolo
Agradecemos al Instituto Redemptrix Captivorum

