«No quisiera morirme sobre un escenario» – GENTE Online
 

"No quisiera morirme sobre un escenario"

Voy a usar una expresión muy de él: es un atorrante maravilloso. Un narrador fascinante y un ávido consumidor del buen libro, la buena música, la buena pintura. Confieso que esto último me sorprendió. Trasnochador empedern
ido, a medida que avanza la madrugada se potencia todo lo mucho y bueno que tiene. Es evidente que la noche lo vuelve más intuitivo, más verdadero, más Sandro.

-¿Alguna vez visitó a un psicólogo?
-Jamás. ¿Se me nota? (carcajada) Me peleo conmigo como loco. Me agarro a las trompadas. Pero me arrastro y me soporto. Eso es lo bueno. Y me cargo sobre mis hombros y me llevo.

-¿Y cuándo será el día que le digas "Basta" a Sandro?
-Hoy soy Sandro. Mañana no sé. Pero eso sí: no quisiera morirme sobre un escenario.

-¿Por qué?
-No todo se alquila en la vida. No hay que mostrar nada. Los idiotas muestran. Todo es tuyo y para vos. Gozalo y disfrutalo y compartilo con tu gente. Yo tengo una linda casa, hay obras de arte que me gustan, antigüedades de gran valor. En el gran comedor de mi casa, cuando mi vieja -Nina- estaba mal, sacamos todos los muebles y adornos, e instalamos su habitación, porque ella no podía subir las escaleras. No me importó. A unos metros de su cama estaba yo con mi teclado, y mi vieja, Nina, usaba una campanita como las de Mirtha Legrand para llamarme, porque tenía un cáncer terminal. Yo hacía la guardia de noche, y María, mi mujer, la hacía de día. Entonces, cuando mi vieja se quería mover, tocaba la campanita y yo iba y la movía. Porque ella no dejaba que nadie la tocara. Por eso respondo a tu pregunta: "¡Dios, no me hagas morir en un escenario, no
quiero!
". Esa es una aspiración de los idiotas que creen en eso. Yo quiero morir en mi cama, si es posible, durmiendo. Y si debo padecer, quiero tener a la gente que amo agarrada de la mano. Como mi vieja. Y que no me enchufen nada, por favor. Esa sería la mejor forma de morir. Aparte, tu alma sabe cuándo va a ser.

-Todos saben que fuiste un buen hijo. Eso habla muy bien de vos.
-(Largo silencio. Ojos húmedos) Te voy a contar una historia del "cuore". Pero del
"cuore, cuore", ¿eh? Una de las cosas más fuertes me ocurrió unas semanitas antes de morir Vicente, mi viejo. El trabajó en el frigorífico
Wilson toda su vida. Y alquilábamos una casa de inquilinato. Léase yotivenco. Una habitación, una cocina, y un piletón para todo el yotivenco. En ese piletón tenías que hacer cola. Ahí estaba Doña María colando los fideos y al lado estaba el otro lavándose las patas. Y si había alguna que a la mañana había puesto la ropa con agua y Azul, tenías que esperar. Yo fui muy feliz porque comprendí lo que es la nada, y también tenerlo todo. Un día me senté en el extremo de mi enorme living y me dije: "¿Esto es el éxito? ¿Esto es
todo?
".

Cada noche hago el mejor show del mundo, el más perfecto, porque quiero que la gente sepa que yo sé por qué están ahí sentados. Es una complicidad emocionante".">

"Cada noche hago el mejor show del mundo, el más perfecto, porque quiero que la gente sepa que yo sé por qué están ahí sentados. Es una complicidad emocionante".

Tenia un abuelo húngaro por ahí. Y en la época en que yo estaba surgiendo, todos debíamos identificarnos con algo. Una vez le conté a un representante de entonces lo de mi parentesco, y como doy el tipo clásico de un gitano, así me llamaron. Hasta hoy".">

"Tenia un abuelo húngaro por ahí. Y en la época en que yo estaba surgiendo, todos debíamos identificarnos con algo. Una vez le conté a un representante de entonces lo de mi parentesco, y como doy el tipo clásico de un gitano, así me llamaron. Hasta hoy".



 
 

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