La violencia llegó con el formato de un estallido sorpresivo, pero los disturbios tuvieron
un estilo certero, con blancos elegidos de antemano y ejecutados con el beneficio de la duda. La marcha
"en repudio a la violencia que sufrieron los piqueteros de Salta" había revolucionado al centro porteño el jueves 21 de junio. Alrededor de las 19.30 la columna comenzaba a desconcentrarse por Avenida de Mayo. En ese instante se desencadenó el infierno.
Eran aproximadamente una veintena de sujetos con rostros cubiertos por pasamontañas, bufandas y gorras; estaban pertrechados con palos, piedras y bombas molotov. Y trazaron una coreografía perfecta. La función duró, apenas, 15 minutos; en ese lapso -y sin que los efectivos policiales intervinieran para frenarlos-, los desconocidos arremetieron contra un local de la
AFJP Siembra, prodigándole una lluvia de piedras que terminó con una bomba molotov incendiando el frente. Luego ardió el segundo objetivo: una sucursal del
Banco Francés. El resto de la faena contempló la destrucción de varias cabinas públicas de
Telefónica y el ataque a un colectivo de la línea 24. Uno de ellos, el que parecía tener la voz cantante, de pronto vociferó: "¡Columna uno, columna dos! ¡Replegarse!". El grupo, entonces, retomó su camino por Avenida de Mayo, con paso desafiante. No había banderas ni consignas que pudieran identificarlos. Pero ninguno de ellos se tomó la molestia de obstaculizar el trabajo de las cámaras televisivas y de los fotógrafos.
AUMENTO DEL RIESGO-VIOLENCIA. Poco después de los disturbios, se produjo una avalancha de reacciones en todo el arco político, que incluye una variada gama de hipótesis confusas, pronósticos sombríos y acusaciones cruzadas entre el Gobierno y los organizadores de la marcha. A esa polémica se agrega otro misterio no menos inquietante: ¿Quiénes están detrás de los disparos de General Mosconi, que
acabaron con la vida de dos pobladores e hirieron a 24 gendarmes y 12 civiles?
Y el detalle es sobrecogedor; ni en las épocas más virulentas de la guerrilla hubo un episodio con tal cantidad de gendarmes heridos. Se trataba de imágenes que nunca hubiéramos querido volver a ver. En la tarde del domingo 17, cuando ocurrieron los incidentes más sangrientos, el fuego de los francotiradores dominó la escena sin que los uniformados pudieran ni siquiera divisarlos. Hay quienes especulan que, detrás de los incidentes, está el largo brazo de
las FARC, la organización guerrillera colombiana; otros, en cambio, se inclinan a señalar la presencia de elementos remozados de Sendero Luminoso. Son apenas especulaciones. Lo cierto es que el fuego disparado desde los montes no tuvo nada de espontáneo; por el contrario, se trató de elementos perfectamente pertrechados y entrenados, que, para no ser localizados, se movían en círculos entre la vegetación, tal como recomiendan los manuales del general vietnamita Nguyen Giap.

Viernes, 19.30. El misterioso grupo de choque arremete contra una sucursal del Banco Francés. No les molestó ser filmados y fotografiados.

Los revoltosos destruyeron varios teléfonos públicos.