La bandera no supera el 2x1 reglamentario. Desde lo alto de la popular local,
lleva grabada la leyenda: "Pura magia". La selección argentina sale a la cancha entre papelitos y globos, típica costumbre criolla. De a once y sobre césped, el índice "riesgo país" no existe. El equipo nacional está a un paso de la Copa del Mundo 2002 y espera ansioso su llamado a preembarque con destino a Japón y Corea.
Mientras tanto, despliega orgullosa una bandera con la leyenda: "Salvemos a Aerolíneas". Pese a que la mayoría de los jugadores vive en el exterior y con una realidad diferente de la del resto de los argentinos, ellos pretenden llegar al mundial con la celeste y blanca grabada hasta en el fuselaje.
Tres gritos de gol se suceden en el primer tiempo. Nacen en los pies de
González, López y Crespo, en ese orden. Se repiten en la voz de los 60 mil
hinchas presentes (1.107.775 pesos en boleterías) y hacen eco en los 30 y
tantos millones de argentinos. La goleada no alcanza el 5 a 0, pero es
suficiente. "No hay revancha", se lamentan algunos.

La euforia del Cholo Simeone, el símbolo de un equipo ganador. 2. Aníbal Ibarra y su hijo Pablo, fanas de River y de la Selección.

Andrea Bursten y Fede Ribero también gritaron los tres goles argentinos.